Cuando un niño muestra conductas que preocupan o incomodan, es fácil caer en la trampa de etiquetarlo como “el problema”. Sin embargo, al hacerlo, perdemos de vista algo fundamental: el contexto emocional y relacional en el que esa conducta surgió.

  • ¿Qué sucede cuando etiquetamos al niño como el conflicto? Le cargamos con una responsabilidad que no le corresponde. Se siente culpable, señalado y, muchas veces, asume el rol de “el malo” dentro de su propia familia. Pero lo más delicado es que, al dejar fuera a los padres de este proceso, se desaprovecha una valiosa oportunidad: la de transformar la dinámica familiar desde su raíz.
  • La realidad es que todos los padres quieren ser los mejores para sus hijos. Sin embargo, no siempre contamos con las herramientas necesarias para establecer vínculos basados en el respeto, los límites y la comunicación asertiva. Y no se trata de mala voluntad; muchas veces es falta de información, recursos o acompañamiento profesional.

La buena noticia es que existen caminos para fortalecer ese vínculo y ayudar a que los niños no solo modifiquen su conducta, sino que florezcan en su máximo potencial. Todo esto, sin etiquetas, sin culpas, construyendo relaciones familiares más sanas, amorosas y respetuosas.

  • La psicoterapia infantil no debe centrarse solo en el niño, sino en la familia como un todo. Porque el verdadero cambio sucede cuando miramos el contexto y trabajamos en equipo: padres, madres y profesionales comprometidos con el bienestar emocional de los niños.

Todos queremos que los niños crezcan en ambientes amorosos y respetuosos. Si te gustaría ser parte del cambio y acompañar a las familias de manera más humana y consciente, descubre la Certificación en Psicoterapia Infantil Relacional y da el primer paso hacia un enfoque terapéutico más integral.

 

Por Dra. Guadalupe Amescua Villela
Fundadora del CESIGUE y autora del libro Psicoterapia Infantil Relacional: Modelo CESIGUE.